NO SABES QUE ESTUDIAR ? CLICK AQUÍ

Noticias

88 años después: la frontera Bolivia-Paraguay y sus lecciones para las Relaciones Internacionales

Esta semana, en la ciudad de La Paz, un hecho pasó casi inadvertido para la opinión pública, pero no para quienes seguimos de cerca la política exterior boliviana; Bolivia y Paraguay culminaron la demarcación total de su frontera común, un proceso que tardó 88 años en completarse. La XII Reunión Plenaria Ordinaria de la Comisión Mixta Demarcadora de Límites Paraguayo-Boliviana definió el trazado final entre el Hito X y el Hito XI este último, el punto donde confluyen los límites de Bolivia, Brasil y Paraguay, cerrando así una línea fronteriza de 742 kilómetros, de los cuales 38 son de frontera fluvial, organizada en once vértices desde el Hito 1 hasta el Hito XI. Con ello, Bolivia y Paraguay se convierten en los únicos países de Sudamérica con sus fronteras completamente demarcadas.

Como internacionalistas, no podemos leer esta noticia solo como un trámite técnico cartográfico, la misma es, ante todo, un caso de estudio sobre cómo se construye la paz después de la guerra y sobre el rol que la diplomacia, la técnica y la institucionalidad bilateral cumplen incluso décadas después de que las armas callan.

El peso de la historia: de la Guerra del Chaco al Tratado de 1938

Para dimensionar el significado de este cierre es necesario volver a 1932-1935, cuando Bolivia y Paraguay libraron la Guerra del Chaco, el conflicto bélico más costoso en vidas humanas de la Sudamérica del siglo XX, con un saldo estimado de 50.000 bolivianos y 40.000 paraguayos muertos. El Tratado de Paz, Amistad y Límites, firmado en julio de 1938, no solo puso fin a las hostilidades sino que dio origen a la Comisión Mixta Demarcadora de Límites, que inició sus labores en diciembre de ese mismo año y que, durante 88 años, ha sostenido el trabajo técnico de identificar, hito por hito, dónde termina un país y empieza el otro.

Que ambas naciones hayan sostenido esta comisión durante casi nueve décadas a través de cambios de régimen, crisis económicas y giros ideológicos en ambos lados de la frontera es en sí mismo un dato relevante para la teoría de las relaciones internacionales, pues demuestra que las instituciones bilaterales técnicas pueden sobrevivir a la volatilidad política cuando existe un interés compartido lo suficientemente concreto en este caso, la certeza jurídica del territorio.

Image

Una lectura desde la teoría de las RRII

Este episodio puede analizarse productivamente desde al menos tres marcos teóricos:

Institucionalismo liberal: La persistencia de la Comisión Mixta durante 88 años, sobreviviendo a gobiernos de signo ideológico opuesto en ambos países, respalda la tesis de que las instituciones interestatales reducen la incertidumbre y generan cooperación sostenida incluso entre Estados con historial de conflicto armado. La frontera no se definió por imposición unilateral ni por arbitraje externo, sino por un mecanismo técnico bilateral permanente.

Geopolítica clásica: Para dos países mediterráneos sin acceso soberano al mar, la certeza territorial no es un tema menor, incide directamente en la planificación de corredores de transporte, en la soberanía sobre recursos naturales en zonas de frontera y en la capacidad de cada Estado de negociar con terceros países (Brasil, Argentina, Chile) el uso de su territorio como espacio de tránsito.

Constructivismo: La forma en que ambos países narran este cierre, como "la culminación de un proceso histórico" que "reafirma que las fronteras se construyen mediante la diplomacia, la cooperación técnica y la voluntad sostenida de los pueblos hermanos", es también un ejercicio de construcción identitaria que transforma la memoria de la guerra en un relato de hermandad y cooperación, lo cual tiene efectos reales sobre cómo ambas sociedades se relacionan entre sí hoy.

La dimensión comercial y geopolítica: el trasfondo del Corredor Bioceánico

El momento en que se cierra esta demarcación no es casual si se observa el contexto comercial regional. Bolivia y Paraguay ambos países sin litoral compiten y a la vez dependen el uno del otro en la disputa por convertirse en nodo de conexión entre el Atlántico y el Pacífico a través del Corredor Bioceánico Vial, un proyecto que integra a Brasil, Paraguay, Argentina y Chile, y que en su tramo más reciente el Corredor de Capricornio conecta el polo agroexportador de Mato Grosso do Sul con los puertos chilenos del Pacífico. Al respecto, analistas bolivianos han advertido en los últimos años que Bolivia corre el riesgo de quedar al margen de esta infraestructura regional si no logra consolidar su propia oferta ferroviaria y vial, mientras que para Paraguay el corredor representa una oportunidad estratégica para diversificar sus rutas de exportación que en 2025 alcanzaron los 16.720 millones de dólares y reducir su dependencia histórica de la Hidrovía Paraguay-Paraná.

En ese contexto, una frontera jurídicamente cerrada y sin ambigüedades no es un detalle protocolar, es una precondición para negociar con seguridad jurídica cualquier proyecto de infraestructura, inversión conjunta o régimen aduanero compartido en la zona limítrofe. Ningún corredor logístico, oleoducto o proyecto ferroviario binacional puede planificarse con solidez sobre una frontera en disputa o parcialmente indefinida.

¿Por qué esto importa para la academia?

Desde el Observatorio de Coyuntura y Asuntos Internacionales de UTEPSA, sostenemos que casos como este merecen un lugar en la formación de los futuros internacionalistas por tres razones:

  1. Metodológica: Porque ilustra cómo la diplomacia de baja intensidad comisiones técnicas, reuniones plenarias periódicas, trabajo cartográfico produce resultados de alto impacto estratégico sin necesidad de cumbres presidenciales ni titulares mediáticos.
  2. Regional: Porque recuerda que la integración sudamericana no depende únicamente de bloques como la CAN o el Mercosur, sino también de la resolución bilateral de asuntos pendientes entre vecinos, condición previa para cualquier proyecto de integración física o comercial mayor.
  3. Histórica: Porque enseña que los efectos de una guerra no se cierran con el cese de hostilidades, sino con procesos institucionales de largo aliento que pueden tomar generaciones enteras en este caso, casi nueve décadas y que exigen continuidad de Estado por encima de los ciclos políticos.

Bolivia y Paraguay demuestran, 88 años después de dejar las armas, que la construcción de la paz y la definición del territorio son procesos que la diplomacia sostiene en el tiempo, mucho después de que la coyuntura deje de prestarles atención. Ese es, quizás, el aporte más valioso que este episodio ofrece a la disciplina de las Relaciones Internacionales.

Por: Elena M. Camacho Quintela
Directora del Observatorio de Coyuntura y Asuntos Internacionales de UTEPSA
LogoColor.png
Lo que tú Quieres Ser
Educar para emprender y servir
Av. Noel Kempff Mercado 715
(591)690-00108
informaciones@utepsa.edu
© Copyright 2021 UTEPSA. Todos los Derechos Reservados

Busqueda