Este análisis sobre los resultados de las elecciones se fundamenta en los hallazgos que presentó el Observatorio de Coyuntura y Asuntos Internacionales de UTEPSA el miércoles 18 de marzo de 2026, durante el evento titulado ‘Detrás del Spot: Comunicación y Política en el escenario electoral de Santa Cruz 2026, el cual tuvo un propósito estrictamente académico.
En el departamento de Santa Cruz, Bolivia, se llevaron a cabo dos elecciones al mismo tiempo: una para la Gobernación y otra para la Alcaldía de Santa Cruz de la Sierra. A pesar de que ambas se realizaron el mismo día y ante el mismo electorado, los resultados mostraron comportamientos diferentes. Mientras que la elección para la Gobernación presentó una mayor dispersión en los votos, la de la Alcaldía evidenció una concentración más clara, lo que indica que en Santa Cruz, la forma en que se vota no es la misma para todos los cargos, sino que varía según el tipo de liderazgo y mandato que se está eligiendo.
Dos elecciones, dos lógicas distintas
La campaña por la Alcaldía fue, en líneas generales, bastante clara. El candidato que salió victorioso, Carlos “Mamen” Saavedra, construyó su propuesta a partir de un discurso directo en contra de la corrupción, en un momento en que la administración municipal saliente ya mostraba signos de desgaste. Además, durante sus años de concejal mantuvo ese tema de manera constante en redes sociales, convirtiéndose en una de las voces más visibles y reconocibles en esa lucha.

Esa consistencia aborda uno de los desafíos más complicados de la comunicación política: la credibilidad. Un candidato que lleva años repitiendo lo mismo tiene una prueba de coherencia que ningún anuncio de treinta segundos puede igualar. El electorado que lo siguió en redes durante ese tiempo no necesitó ser convencido en la última semana, porque ya había tomado su decisión mucho antes. Entonces, para Saavedra, la campaña formal fue simplemente la confirmación de algo que ya estaba presente.
La elección para la Gobernación fue más complicada; al respecto, Juan Pablo Velasco logró el mayor porcentaje, pero no alcanzó la mayoría absoluta para ganar en la primera vuelta. Su perfil es distinto al del político cruceño tradicional, él proviene de una trayectoria empresarial y habla de institucionalidad, estado de derecho y gestión verificable. Esto le funcionó bien en las áreas urbanas, entre profesionales y personas que buscan un candidato que realmente sepa cómo administrar un departamento. Sin embargo, no le fue tan bien en el interior provincial, donde la identidad autonómica sigue siendo un factor clave. Velasco ganó la primera vuelta con una base sólida, pero geográficamente incompleta.
Velasco basó su campaña en un enfoque comunicacional que pocos candidatos en Santa Cruz habían utilizado de manera tan clara: el del empresario que habla de la realidad sin adornos. Mientras gran parte del debate político en el departamento se centraba en la identidad, la autonomía y los simbolismos del ciclo anterior, Velasco decidió enfocarse en algo diferente que fue el de la persona común que enfrenta problemas concretos y no espera milagros en el horizonte.
Por otro lado, Otto Ritter, quien quedó en segundo lugar en la carrera por la Gobernación cruceña, se presenta como el sucesor del espacio autonómico que Luis Fernando Camacho dejó vacío, lo que le confiere un peso político significativo, siendo su presencia en municipios intermedios y en diversas áreas del interior del departamento tangible y no subestimada. Sin embargo, el apoyo que ha recibido no puede interpretarse como un cheque en blanco. Gran parte de ese electorado está a favor de la continuidad del ideal autonómico, pero no necesariamente de repetir el ciclo anterior; por lo tanto, se trata de un apoyo condicionado. Si Ritter desea mantener y ampliar ese respaldo en la segunda vuelta, tendrá que demostrar que puede representar ese espacio sin caer en la simple repetición de lo que ya fue cuestionado.
De la misma forma, se destaca el candidato que terminó en tercer lugar a la Gobernación, dado que sin una estructura comparable ni recursos similares, logró captar un porcentaje significativo del voto joven y desencantado, ese que no se sentía representado por las dos fuerzas principales. Ese voto podría convertirse en uno de los segmentos más disputados de la segunda vuelta, aunque es poco probable que se traslade de manera uniforme, tomando cada uno de los votantes su decisión de manera individual en la segunda vuelta, basándose prioritariamente en su propia percepción de quién les convence más.
La comparación entre las dos contiendas deja una conclusión clara, primero: en la Alcaldía, la pregunta fue ¿quién puede gestionar la ciudad sin repetir los errores del pasado? En la Gobernación, la cuestión fue ¿quién lidera el proyecto regional ahora que el liderazgo anterior ya no está? La elección en la Alcaldía se centró en la gestión; la de la Gobernación en la identidad política. El mismo electorado respondió de manera diferente a cada una y eso no es una contradicción, sino una distinción. Santa Cruz sabe diferenciar con bastante claridad qué tipo de mandato está otorgando según el cargo en disputa.
La segunda vuelta no comienza donde terminó la primera
El error más común en un balotaje es tratarlo como una continuación de la primera vuelta; es decir, estamos con los mismos candidatos, la misma dinámica, la misma estrategia, este error puede costar muy caro. Cuando el campo se reduce a dos opciones, desaparece el voto testimonial, el voto de protesta disperso y la posibilidad de apoyar a alguien sabiendo que no va a ganar, porque cada voto no emitido por uno, en la práctica, beneficia al otro, cambiando completamente la matemática electoral.
Lo que define la segunda vuelta es la habilidad de convencer a quienes no votaron por ninguno de los dos en la primera ronda. Ese segmento es diverso; están los jóvenes que buscaban renovación, los moderados que no encontraron propuestas suficientes, los votantes de candidatos con perfiles específicos y los que no tienen una identidad política uniforme y tampoco van a seguir las instrucciones rígidas de sus candidatos anteriores. Todos ellos van a observar a Velasco y a Ritter para tomar su decisión final.

Para Velasco, la clave está en fortalecer su apoyo hacia el voto provincial y autonomista, para lograrlo, necesita establecer una presencia real en las áreas donde aún no ha logrado penetrar con fuerza, no solo físicamente, sino también en su mensaje. Si no lo consigue, corre el riesgo de convertirse únicamente en el candidato de la capital y eso sería un techo demasiado bajo en una elección departamental. Sin embargo, tiene un activo importante a su favor en el que se encuentra el electorado desencantado del espacio de Camacho que aún no se ha alineado con Ritter. Ese grupo podría inclinarse hacia él si logra presentar una propuesta convincente de gobernabilidad, es decir, si demuestra que no solo es una opción diferente, sino también una alternativa viable para liderar el departamento.
Ritter, por su parte, se enfrenta a un reto diferente dado que su conexión que tiene con las provincias, le proporciona una base territorial sólida, necesitando aún ganarse al votante urbano moderado, esos profesionales y ciudadanos que, más que buscar una identificación política o simbólica, anhelan señales de capacidad, orden y solvencia técnica. Ahí todavía tiene trabajo por hacer. Para acercarse a ese electorado, Ritter debe demostrar que su propuesta autonómica no es solo un lema, sino que puede transformarse en una gestión concreta, viable y bien estructurada.
Lo que Velasco y Ritter deben evitar a toda costa
El verdadero riesgo para ambos no radica solo en lo que digan de aquí en adelante, sino en las señales concretas que envíen sobre su forma de gobernar y ninguna señal será más clara que el equipo que decidan presentar. En una elección marcada por la demanda de renovación, cada nombre que propongan para el futuro gabinete será interpretado como una promesa anticipada de una gestión real. Si ese equipo está compuesto por figuras de ciclos anteriores, operadores reciclados o personas asociadas a gestiones cuestionadas, la narrativa de cambio perderá fuerza y el mensaje de renovación comenzará a desinflarse desde adentro.
Pero el problema no se detiene ahí, puesto que un equipo también tiene que comunicar un método de poder, deberá indicar si habrá capacidad técnica, equilibrio político, criterio territorial y márgenes reales de gobernabilidad, o si, por el contrario, el futuro gobierno se verá atrapado en compromisos a corto plazo. Por lo tanto, no es suficiente con evitar nombres desgastados; también es crucial mostrar perfiles de profesionales que transmitan solidez, articulación y una lógica clara de gestión.
Algo similar sucede con los pactos o alianzas entre las cúpulas, quienes solo serán efectivas si logran transformarse en una narrativa clara y legítima para un electorado que ya ha demostrado tener criterio propio. No toda adhesión suma en el ámbito político, algunas coaliciones pueden aportar estructura, pero al mismo tiempo generan dudas sobre la solidez del proyecto; es por ello que, en una segunda vuelta, los acuerdos no pueden parecer simples repartos de poder; deben presentarse como parte de una ecuación creíble de gobernabilidad.

En el fondo, el votante no busca únicamente símbolos, consignas o continuidad identitaria. Está en busca de una combinación convincente que incluya identidad regional, capacidad de gestión, fortaleza de liderazgo y viabilidad política. Por eso, en esta etapa, la pregunta del electorado ya no será solo quién representa mejor una bandera, sino quién ofrece menos incertidumbre a la hora de gobernar.
Así, los tres casos observados nos muestran algo que a menudo se pasa por alto en el análisis político tradicional: la comunicación no es solo un complemento de la política, sino que es una parte fundamental de ella. Por ese motivo, Saavedra triunfó manteniendo una comunicación constante durante años antes de que comenzara su campaña formal. Velasco se destacó primero gracias a su lenguaje sencillo y directo, que le permitió llenar un vacío que otros candidatos dejaron. Ritter alcanzó el segundo lugar porque su enfoque en la autenticidad creó una conexión genuina con el electorado autonomista, que estaba buscando una figura creíble tras el ciclo anterior.
Por: MSc. Juan Carlos Peña GutiérrezAnalista del Observatorio de Coyuntura y Asuntos Internacionales de Utepsa


